El 25 de febrero los miembros del Club de Lectura
se reunieron para debatir sobre literatura estadounidense que refleje
las diferentes expresiones del amor.
El moderador Abel Mirabal compartió
con el grupo un ensayo preparado por Madalina Cobian el cual recoge no solo
autores estadounidenses que reflejen el tema
sino también a autores cubanos y de otros países.
Los miembros del grupo
compartieron la lectura de los siguientes libros:
“la letra escarlata” (1850) por Nathaniel
Hawthorne
“Come, reza y ama” (2006) por Elizabeth Gilbert
“El Gran Gatsby” (1922) por
F. Scott Fitzgerald
“Adrienne Rich: Antología poética
1951-1981”
“Una tragedia Americana”
(1925) and “Hermana Carrie” (1900) por Theodore Dreiser
“Los Puentes de Madison County”
(1992) por Robert James Waller
A continuación el ensayo de Madalina Cobian leido por Abel Mirabal:
Presencia del amor
en la poesía y prosa Martiana y en otros escritores universales.
Por Madalina Cobian
Amor: Sentimiento Universal. Palabra de sólo cuatro letras que es capaz de
abarcar todas las facetas de la sensibilidad humana.
Como
no me siento capaz por mi misma de describir el significado ni la amplitud de
dicha palabra, me remito brevemente al más universal de todos los cubanos, cuya
obra y conocimiento del tema rebasa lo que pudieramos llamar concepto del
amor.
Lo
obra de José Martí, dado a su sensibilidad y altruísmo, se caracteriza por tocar todas los tipos de
amores existentes en el universo.
Su
concepto de amor fue tan grande que lo caracteriza como algo sumamente y delicado cuando dijo:
“Mi
amor, del aire, se azora”.
Concibe
la vida sustancialmente a traves del amor y lo expresa de la siguiente forma:
“
Por el amor, se ve,
Con el amor, se ve,
El amor es quien ve,
Espíritu sin amor,
No puede ver”.
Reconoce
el amor a la sociedad cuendo dice:
“
Cuando al peso de la cruz,
El
hombre morir resuelve,
Sale
a hacer bien, sale y vuelve,
Como
de un baño de luz.
También
le canta al amor interesado:
“
Pues las bodas no serán
Y
estoy de pesar que muero,
Y
la doncella muy bella,
Pero
mi linda doncella,
No
tiene un centavo entero”
También
a través de su prosa conocemos sus conceptos contemporáneos del amor y el
matrimonio.
¡Hay
tanta diferencia de gustarse a amarse! Debe hacerse- salvo malicia- lo que
hacen ciertos indios del Estado de Veracruz – tomarse a prueba, vivir bajo el
mismo techo. Ir juntos al arroyo, cargar
juntos la leña. Oirse y conocerse. Y si
la simpatía definitiva de las almas no sanciona la atracción pasajera de los
cuerpos, separarse. El equilibrio entre las condiciones de los cónyuges y su
mutuo conocimiento, son en el matrimonio, las unicas condiciones de
ventura. Lo demás es jugar la vida a
cara o cruz.
Otros
versos, hablan de su posición amorosa ante la vida. Recordemos que el era masón.
“Con
la mujer del brazo, ámese al hombre.”
La
nostalgia y el reconocimiento del error cometido, lo vemos en “La niña de
Guatemala”.
“Ella
dio al desmemoriado,
Una
almohadilla de olor.
El
volvió, volvió casado.
Ella
se murió de amor.
Ella
por volverlo a ver,
Salió
a verlo al mirador.
El
volvió con su mujer,
Ella
se murió de amor”.
A
la pasión, lujuria y el celo:
“Por
tus ojos encendidos,
Y
lo mal puesto de un broche,
Pensé
que estuviste anoche,
Jugando
juegos prohibidos”.
A
la mujer:
“De
mujer, pues puede ser
Que
mueras de su mordida,
Pero
no empañes tu vida,
Diciendo
mal de mujer”.
Otros
escritores célebres han escrito a distintos tipos de amor. Unos, como Shakespeare, que hablan del amor
puro, adolescente, inmaculado, fiel, leal hasta la muerte, como “Romeo y
Julieta”, que por rivalidades y antagonismos de sus familias termina, como
tragedia al fín, con la muerte por suicidio de los amantes. Aquí el amor
culmina con la muerte.
También este mismo autor nos habla del amor
corrompido por los celos, la desconfianza por la mujer y la fe ciega en Yago, el
amigo traidor y envidioso, como es el de
“Otello, El Moro de Venecia”, por su esposa Desdémona, que termina con la
muerte de su mujer y su suicidio. Aquí también el amor culmina con la muerte.
A diferencia de estas dos tragedias, podemos
conocer de un amor puro que data de la infancia, que por las diferencias
sociales no se llega a realizar y se convierte en un amor sádico, corrompido,
morboso, pero que se convierte en verdadero amor, después de la muerte de los
amantes. El amor de Heatcliff y Katie
Earnshaw. Aquí el amor comienza con la
muerte. Hablo de Cumbres Borrascosas de Emily Bronte.
También
Shakespeare nos habla del amor por el poder y el dinero, que llega a ser tan
grande como para hacer olvidar los principios, los valores y la lealtad. Hablo de Mackbeth y Lady Mackbeth, el cual
termina con el crimen y el suicidio.
En “Cecilia Valdés”, o “La Loma del Angel”, de
Cirilo Villaverde, conocemos del amor dentro de un contexto histórico-social,
plagado de contradicciones raciales y sociales que acaban con la vida de uno de
los amantes, Leonardo Gamboa, a manos de José Dolores Pimienta, por la
intención de Cecilia.
Hubo también un amor en Francia, (cuyo autor
no recuerdo) que logró que Napoleón depusiera sus armas y fuera llevado a la
prisión de Elba. Fue esta: “Desiree, la
amante de Napoleón”, y fue también María Plojovaia (¿?) quien, con su amor,
entretuvo a Napoleón e impidió que este tomara Varsovia. Aquí el amor es usado
para la seducción. Una versión pálida y débil de este; llena de segundas intenciones
e intereses, carente de pureza, carente de Dios y matizada de política.
La literatura rusa, en sus mejores momentos,
contó con grandes amores como “Anna Karenina”, que termina en el suicidio y
muchos otros. Pero después que la
ideología hizo cambiar el concepto del amor, o mejor dicho, con el surgimiento
del Realismo Socialista, el amor se diversificó y ya no se concibió como amor
puro sin ir acompañado del sistema político social, o sea un amor poletizado,
como vemos en “Pasión Otoñal”, drama pedagógico, en el que el amor por la
docencia se ve desplazado por la docencia poletizada.
Aún así, la literatura soviética, en sus
primeros momentos, refiere a un amor puro, casi tanto como el de Romeo y
Julieta, impedido por los avatares de la guerra. Me refiero a “La balada del soldado”, en el
que el joven soldado regresa de pase a ver a su madre enferma y de polizonte en
un tren conoce a una muchacha, casi tan niña como él. Comparten un pedazo de pan y un pedazo de tocino y entre hambre y
zozobra se aman, y se prometen amor eterno, que no llegan a cumplir porque la
guerra y la muerte los separan.
También esta literatura nos habla del oficial,
( Viasheslav Tijanov) que durante muchos años luchó en la guerra, sufriendo por
la añoranza de su familia y regresa, con muchas condecoraciones, inválido, con
deseos de volver a amar a su esosa y sólo encuentra a su retorno, a su perro,
que ha estado esperando la llegada de su
amo, a pesar de las vicisitudes que sufriera el animalito, para ambos morir en
la soledad y la pobreza. Hablo de “Bim,
Oreja Negra”.
Y remitiéndonos ligeramente a América Latina,
recordemos la Leyenda de los volcanes Ixtaxiualt y el Popocatepelt. Uno semeja
la figura de una mujer dormida en la cima de la montaña. Es la amada, la princesa que yace muerta en el lugar donde su amado la
llevara a reposar, mientras que el otro, semeja la figura de un guerrero, su
amado, el príncipe guerrero de pie, a su lado, velando su sueño eterno.
En
la novela “Lo que el viento se llevó” de Margaret Mjitchell, podemos encontrar,
dentro de algunas variedades de amor, como el amor al dinero, el amor a la
pareja; el amor a la tierra, como es Tara, para Scarlet O´Hara.
Todo
sentimiento en el que prevalezca la bondad, el desinterés, el ánimo de agradar y hacer bien a los demás
es un sentimiento amoroso. No olvidemos
que Dios es amor y que estará presente en todas las buenas voluntades.
Son interminables las formas y presencia del
amor en la literatura. Por mi parte, yo que
no soy escritora, pero sí aficionada a las letras, cuento con este pequeño
relato al que he nombrado “El amor en cualquier parte y momento”.
El amor en
cualquier parte y momento.
Son las 7 a.m., y Miguel y Luisa, pareja
recién unida, se preparan para salir a la calle a enfrentar una nueva jornada
de labor.
¡Que dicha que tu hayas
llegado a mi vida! ¡Que tranquilidad el poder compartir con alguien los azares de cada día! ¡Que seguridad la de
saber que alguien va a responder por mis necesidades cada mañana! ¡Cuánto tiempo luchando sola sin esperanza! Cuanta veces he emprendido el camino cada mañana sin saber que le
reserva a una el día, con la esperanza de poder resolver el objetivo de la
vida, para luego, si el día ha sido afortunado, poder disfrutar, al anochecer,
la satisfacción espiritual de saber resuelta la necesidad material. Pero ahora, he tenido suerte al
encontrarte. Ya no tengo que volver a
salir sola a aventurarme por los caminos del mundo en busca de la solución a
mis carencias.
No te preocupes, amor. Ya no
vas a estar nunca más sola, Ahora yo voy
a estar contigo para siempre, para acompañarte a cumplir esta ardua tarea que
acometemos día a día. No vas a volver a
carecer de lo que nos hace falta para vivir.
Yo seré tu compañero siempre en la vida hasta que la muerte nos
separe. Juntos saldremos todos los días
a cumplir nuestra misión y a luchar por la vida. Tenemos ese derecho y lo vamos a disfrutar.
Después de haber recogido los papeles de
periódicos que le habían servido para cubrir el piso que utilizaran como lecho
la noche anterior y haber amontonado en un rincón del almacén abandonado donde habían
pernoctado la víspera, las botellas de alcohol de bodega consumido esa noche; luego de haber hecho sus necesidades
fisiológicas en otro rincón más apartado del sitio donde durmieran, y de haber esgarrado lo suficiente como para
eliminar los restos del tufo de alcohol que sale de sus bocas y que aún emana
de su piel, Luisa y Miguel intentan
con los dedos estirar sus cabellos y
humedecer sus rostros con saliva para adecentar su aspecto.
Muy juntitos, ella, colgada de su brazo izquierdo y el con un sombrero
boca arriba en su mano derecha,
amorosamente salen a la calle a “luchar la vida” como dicen ellos, con
la esperanza, de a su regreso, por la noche, disfrutar del fruto de su labor.
“Una limosnita, por el amor
de Dios”
Madalina Cobián.
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