lunes, 18 de marzo de 2013

Febrero 2013: Literatura que refleje las diferentes expresiones del amor


El  25 de febrero los miembros del Club de Lectura se reunieron para debatir sobre literatura estadounidense que refleje las diferentes expresiones del amor.
El moderador Abel Mirabal compartió con el grupo un ensayo preparado por Madalina Cobian el cual recoge no solo autores estadounidenses que reflejen el tema  sino también a autores cubanos y de otros países.
Los miembros del grupo compartieron la lectura de los siguientes libros:
 “la letra escarlata” (1850) por Nathaniel Hawthorne
“Come, reza y ama”  (2006) por Elizabeth Gilbert
“El Gran Gatsby” (1922) por F. Scott Fitzgerald
“Adrienne Rich: Antología poética 1951-1981”
“Una tragedia Americana” (1925) and “Hermana Carrie” (1900) por Theodore Dreiser
“Los Puentes de Madison County” (1992) por Robert James Waller

A continuación el ensayo de Madalina Cobian leido por Abel Mirabal:


Presencia del amor en la poesía y prosa Martiana y en otros escritores universales.
Por Madalina Cobian
Amor:  Sentimiento Universal.  Palabra de sólo cuatro letras que es capaz de abarcar todas las facetas de la sensibilidad humana.
Como no me siento capaz por mi misma de describir el significado ni la amplitud de dicha palabra, me remito brevemente al más universal de todos los cubanos, cuya obra y conocimiento del tema rebasa lo que pudieramos llamar concepto del amor. 
Lo obra de José Martí, dado a su sensibilidad y altruísmo,  se caracteriza por tocar todas los tipos de amores existentes en el universo. 
Su concepto de amor fue tan grande que lo caracteriza como algo  sumamente y delicado cuando dijo:
“Mi amor, del aire, se azora”.
Concibe la vida sustancialmente a traves del amor y lo expresa de la siguiente forma:
“ Por el amor, se ve,
  Con el amor, se ve,
  El amor es quien ve,
  Espíritu sin amor,
  No puede ver”.
Reconoce el amor a la sociedad cuendo dice:
“ Cuando al peso de la cruz,
El hombre morir resuelve,
Sale a hacer bien, sale y vuelve,
Como de un baño de luz.
También le canta al amor interesado:
“ Pues las bodas no serán
Y estoy de pesar que muero,
Y la doncella muy bella,
Pero mi linda doncella,
No tiene un centavo entero”
También a través de su prosa conocemos sus conceptos contemporáneos del amor y el matrimonio.
¡Hay tanta diferencia de gustarse a amarse! Debe hacerse- salvo malicia- lo que hacen ciertos indios del Estado de Veracruz – tomarse a prueba, vivir bajo el mismo techo.  Ir juntos al arroyo, cargar juntos la leña.  Oirse y conocerse. Y si la simpatía definitiva de las almas no sanciona la atracción pasajera de los cuerpos, separarse. El equilibrio entre las condiciones de los cónyuges y su mutuo conocimiento, son en el matrimonio, las unicas condiciones de ventura.  Lo demás es jugar la vida a cara o cruz.
Otros versos, hablan de su posición amorosa ante la vida.  Recordemos que el era masón.
“Con la mujer del brazo, ámese al hombre.”
La nostalgia y el reconocimiento del error cometido, lo vemos en “La niña de Guatemala”.
“Ella dio al desmemoriado,
Una almohadilla de olor.
El volvió, volvió casado.
Ella se murió de amor.
Ella por volverlo a ver,
Salió a verlo al mirador.
El volvió con su mujer,
Ella se murió de amor”.
A la pasión, lujuria y el celo:
“Por tus ojos encendidos,
Y lo mal puesto de un broche,
Pensé que estuviste anoche,
Jugando juegos prohibidos”.
A la mujer:
“De mujer, pues puede ser
Que mueras de su mordida,
Pero no empañes tu vida,
Diciendo mal de mujer”.

Otros escritores célebres han escrito a distintos tipos de amor.  Unos, como Shakespeare, que hablan del amor puro, adolescente, inmaculado, fiel, leal hasta la muerte, como “Romeo y Julieta”, que por rivalidades y antagonismos de sus familias termina, como tragedia al fín, con la muerte por suicidio de los amantes. Aquí el amor culmina con la muerte.
 También este mismo autor nos habla del amor corrompido por los celos, la desconfianza por la mujer y la fe ciega en Yago, el  amigo traidor y envidioso, como es el de “Otello, El Moro de Venecia”, por su esposa Desdémona, que termina con la muerte de su mujer y su suicidio. Aquí también el amor culmina con la muerte.
  A diferencia de estas dos tragedias, podemos conocer de un amor puro que data de la infancia, que por las diferencias sociales no se llega a realizar y se convierte en un amor sádico, corrompido, morboso, pero que se convierte en verdadero amor, después de la muerte de los amantes.  El amor de Heatcliff y Katie Earnshaw.  Aquí el amor comienza con la muerte. Hablo de Cumbres Borrascosas de Emily Bronte.
  También Shakespeare nos habla del amor por el poder y el dinero, que llega a ser tan grande como para hacer olvidar los principios, los valores y la lealtad.  Hablo de Mackbeth y Lady Mackbeth, el cual termina con el crimen y el suicidio.
   En “Cecilia Valdés”, o “La Loma del Angel”, de Cirilo Villaverde, conocemos del amor dentro de un contexto histórico-social, plagado de contradicciones raciales y sociales que acaban con la vida de uno de los amantes, Leonardo Gamboa, a manos de José Dolores Pimienta, por la intención de Cecilia.
   Hubo también un amor en Francia, (cuyo autor no recuerdo) que logró que Napoleón depusiera sus armas y fuera llevado a la prisión de Elba.  Fue esta: “Desiree, la amante de Napoleón”, y fue también María Plojovaia (¿?) quien, con su amor, entretuvo a Napoleón e impidió que este tomara Varsovia. Aquí el amor es usado para la seducción. Una versión pálida y débil de este; llena de segundas intenciones e intereses, carente de pureza, carente de Dios y matizada de política.
  La literatura rusa, en sus mejores momentos, contó con grandes amores como “Anna Karenina”, que termina en el suicidio y muchos otros.  Pero después que la ideología hizo cambiar el concepto del amor, o mejor dicho, con el surgimiento del Realismo Socialista, el amor se diversificó y ya no se concibió como amor puro sin ir acompañado del sistema político social, o sea un amor poletizado, como vemos en “Pasión Otoñal”, drama pedagógico, en el que el amor por la docencia se ve desplazado por la docencia poletizada.
 Aún así, la literatura soviética, en sus primeros momentos, refiere a un amor puro, casi tanto como el de Romeo y Julieta, impedido por los avatares de la guerra.  Me refiero a “La balada del soldado”, en el que el joven soldado regresa de pase a ver a su madre enferma y de polizonte en un tren conoce a una muchacha, casi tan niña como él.  Comparten un pedazo de  pan y un pedazo de tocino y entre hambre y zozobra se aman, y se prometen amor eterno, que no llegan a cumplir porque la guerra y la muerte los separan.
  También esta literatura nos habla del oficial, ( Viasheslav Tijanov) que durante muchos años luchó en la guerra, sufriendo por la añoranza de su familia y regresa, con muchas condecoraciones, inválido, con deseos de volver a amar a su esosa y sólo encuentra a su retorno, a su perro, que  ha estado esperando la llegada de su amo, a pesar de las vicisitudes que sufriera el animalito, para ambos morir en la soledad y la pobreza.  Hablo de “Bim, Oreja Negra”.
 Y remitiéndonos ligeramente a América Latina, recordemos la Leyenda de los volcanes Ixtaxiualt y el Popocatepelt. Uno semeja la figura de una mujer dormida en la cima de la montaña.  Es la amada, la princesa que  yace muerta en el lugar donde su amado la llevara a reposar, mientras que el otro, semeja la figura de un guerrero, su amado, el príncipe guerrero de pie, a su lado, velando su sueño eterno.
En la novela “Lo que el viento se llevó” de Margaret Mjitchell, podemos encontrar, dentro de algunas variedades de amor, como el amor al dinero, el amor a la pareja; el amor a la tierra, como es Tara, para Scarlet O´Hara.
    Todo sentimiento en el que prevalezca la bondad, el desinterés,  el ánimo de agradar y hacer bien a los demás es un sentimiento amoroso.  No olvidemos que Dios es amor y que estará presente en todas las buenas voluntades.
  Son interminables las formas y presencia del amor en la literatura.  Por mi parte, yo que no soy escritora, pero sí aficionada a las letras, cuento con este pequeño relato al que he nombrado “El amor en cualquier parte y momento”.
  
El amor en cualquier parte y momento.
   Son las 7 a.m., y Miguel y Luisa, pareja recién unida, se preparan para salir a la calle a enfrentar una nueva jornada de labor.
¡Que dicha que tu hayas llegado a mi vida! ¡Que tranquilidad el poder compartir con alguien  los azares de cada día! ¡Que seguridad la de saber que alguien va a responder por mis necesidades cada mañana!  ¡Cuánto tiempo luchando sola sin esperanza!  Cuanta veces he emprendido  el camino cada mañana sin saber que le reserva a una el día, con la esperanza de poder resolver el objetivo de la vida, para luego, si el día ha sido afortunado, poder disfrutar, al anochecer, la satisfacción espiritual de saber resuelta la necesidad material.  Pero ahora, he tenido suerte al encontrarte.  Ya no tengo que volver a salir sola a aventurarme por los caminos del mundo en busca de la solución a mis carencias.
No te preocupes, amor. Ya no vas a estar nunca más sola,  Ahora yo voy a estar contigo para siempre, para acompañarte a cumplir esta ardua tarea que acometemos día a día.  No vas a volver a carecer de lo que nos hace falta para vivir.  Yo seré tu compañero siempre en la vida hasta que la muerte nos separe.  Juntos saldremos todos los días a cumplir nuestra misión y a luchar por la vida.  Tenemos ese derecho y lo vamos a disfrutar.
  Después de haber recogido los papeles de periódicos que le habían servido para cubrir el piso que utilizaran como lecho la noche anterior y haber amontonado en un rincón  del almacén abandonado donde habían pernoctado la víspera, las botellas de alcohol de bodega consumido esa noche;  luego de haber hecho sus necesidades fisiológicas en otro rincón más apartado del sitio donde durmieran,  y de haber esgarrado lo suficiente como para eliminar los restos del tufo de alcohol que sale de sus bocas y que aún emana de su piel,      Luisa y Miguel intentan con los dedos  estirar sus cabellos y humedecer sus rostros con saliva para adecentar su  aspecto.  Muy juntitos, ella, colgada de su brazo izquierdo y el con un sombrero boca arriba en su mano derecha,  amorosamente salen a la calle a “luchar la vida” como dicen ellos, con la esperanza, de a su regreso, por la noche, disfrutar del fruto de su labor.
“Una limosnita, por el amor de Dios”  
 Madalina Cobián.

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